Cada día se me dificultaba ocultar el embarazo y estos suéteres holgados que me colocaba eran más que sospechosos, pero era mi mejor opción al visitar a mi padre. No sabía nada del bebé y tampoco sabía cómo decírselo. Pero necesitaba verlo, porque dentro de dos días sería su cirugía y a pesar de ser positiva, no podía evitar ese miedo que me abarcaba el pecho, diciéndome que debía atesorar cada momento porque jamás se sabía cuándo sería el último.
El olor a desinfectante era fuerte, frío, pen