“Deja de mirar tanto, no me encontrarás” decía el siguiente mensaje.
El sudor corría por mi frente.
Había una gran diferencia entre una simple amenaza por internet a un acosador que seguía cada uno de mis movimientos. Esto no era un juego, ni era causado por una persona aburrida. Este era un plan diseñado por una persona meticulosa.
Sabía que vendría aquí, me estaba esperando. Podía calcular mis movimientos, mi forma de reaccionar. Estaba preparado.
¿Y si no era una persona? ¿Y si era un