Apresúrate. – susurró, no había querido que su voz saliera así pero no había podido evitarlo.
Siempre tan impaciente. – dijo él abrochándolo al fin y levantando su rostro quedando a escasos centímetros del suyo. –dorados pensó ella, son dorados cuando desea algo, cuando me desea a mí. Oscuros casi negros cuando se enfada, de un suave avellana cuando está tranquilo, y café verdoso cuando se concentra o cuando está bajo tensión que no sea la femenina. Él vio sus labios…
Vamos a despegar, debes a