La luz tenue del amanecer se filtraba por las cortinas de seda, pintando la vieja habitación de la mansión con tonos dorados. Jade se estiró, sintiendo el leve crujido de sus músculos, un agradable recuerdo de la intensidad de la noche anterior. Una sonrisa, suave y satisfecha, se extendió por sus labios al recordar el tacto de Hywell, la pasión desenfrenada que los había consumido.
Su mano se extendió a su lado en la cama, buscando el calor familiar de su cuerpo. El espacio estaba vacío, y el