El pequeño apartamento se le hizo más grande de lo que era, mucho más de lo que recordaba. Las dimensiones de la habitación en la que estaba se extendían hasta casi alcanzar la línea del horizonte, a varios metros de distancia, curvadas como lo estuviera viendo a través de un cristal convexo. Desde una distancia indeterminada, escuchó que una mujer, de voz conocida, le hablaba y, a cada una de sus preguntas, él respondía lo mejor que podía, no pudiendo mentir pese a una alarma creciente que le