Con varias combinaciones de sushi y algo de sake, Rubén llegó al apartamento de las chicas. Emily lo recibió, más tranquila gracias al tratamiento mágico de su madre, además de hambrienta, así que, cuando Rubén destapó lo que traía, mejoró aún más el ánimo de la joven. Se sentaron los cuatro a almorzar y, antes de empezar a comer, ya estaban hablando sobre el tema que los había reunido, una vez más, en torno a un almuerzo.
—Les voy a contar cómo conocimos a Dafne y por qué insisto en que es un