Máximo
Delfina me reclamaba que no estaba concentrado, claro que no lo estaba, estaba pendiente del novio de Irene, ¿Por qué?, ni yo sabía la respuesta. Me lancé sobre la cama incapaz de moverme, no quería hacer nada.
—¿Qué haces? Anda báñate, revisa la ropa, no te has ni afeitado Máximo —gritó Delfina.
Cerré los ojos y sacudí la cabeza.
—Es mi cumpleaños mujer, déjame en paz.
—¡Exacto! Hay una celebración por ello, yo la organicé, no lo arruines.
Rodé los ojos.
Sentí que se colocó a horcajadas