Los auditores llegaron media hora antes, así que aproveché de no perder tiempo y reunirme con ellos, Saro se movió rápido detrás de mí apurando a Janina a llegar a la oficina. Delfina pudo ayudarme, pensé, pero no podía arriesgarme a tenerla allí mientras tenia a Irene esperándome en el estacionamiento dentro de mi auto. Suspire y abrí la puerta de la oficina con mi mejor sonrisa.
—Bienvenidos —dije estrechando las manos de la socia. Una que pasó por mi cama en alguna oportunidad.
Me miró con