Irene.
Sonreía como tonta echada en el sofá mirando los mensajes cochinos de Máximo, era muy atrevido, y divertido, de pronto era todo eso que imaginé, ya no me negaba lo que me gustaba estar con él, escribirle, saber de él.
—¿Esas risas? ¿Doménico está caliente? —preguntó Ada.
Negué poniéndome seria y bloqueando la pantalla del móvil. Ada recogía sus cosas para irse a casa de Camilo, no aguantaban más no estar viviendo juntos, pensé que mi mamá se espantaría, pero estaba decidiendo si hacer un