Cuando llegué al pueblo y tuve mi primer día de clases, pensé que sería un momento incómodo. Sin embargo, soportable, lo vi como cuando se tiene una curita, es mejor arrancarla de tajo y así duele menos. Pensé que ya la había arrancado, pero ahora llevo veinte minutos dentro de mi auto, en el estacionamiento de la Academia y siento que tengo el cuerpo lleno de curitas esperando a ser arrancadas. Puedo hacerme una idea de cómo todos me van a estar observando; mi esperanza es que el fin de semana