El motor del vehículo se enciende debajo de nosotros y nos encaminamos hacia la trampa. En un momento de debilidad me giro para ver a Derek y me topo con sus ojos fijos en mí. Una determinación de hierro brillando en sus pupilas y una sonrisa que podría partir el mundo en dos decora sus labios. Y yo, me olvido del mundo y le regreso la sonrisa.
Mis manos no han dejado de moverse en todo el trayecto hasta llegar al río. Más que nerviosa, me encuentro ansiosa, deseo con todas mis fuerzas terminar