Quiero insultarla, quiero levantarme y decirle que es una idiota sin cerebro, pero para mi desgracia, ahora mismo no logro procesar otra cosa que el dolor de mi cuerpo. Para mi suerte alguien más cumple los deseos por mí.
―¿Qué demonios te pasa, estúpida? ―Mei se ha acercado como una mamá oso hacia donde Amber y sus amigas se encuentran.
―Me he tropezado, no es mi culpa ―se defiende la oxigenada, antes de echarse a reír junto a la arpía.
En este momento mis instintos asesinos se encienden y ju