Capítulo 24

Miré el reloj sobre la mesita de noche y suspiré. Faltaba poco para amanecer y temía lo que la luz del sol traería. El cuerpo de Lucciano estaba pegado a mi espalda, con su mano rodeando mi cintura, apretándome a él, como si temiera perderme.

Me reconfortaba sentir su cuerpo junto al mío, calentándome y protegiéndome, pero en mi interior persistía la confusión.

Las imágenes del ruso se repetían en mi mente una y otra vez, besando, acariciando y acelerando mi pulso, llegando al punto de hervir mi sangre, pero no había nada real allí. Todo era producto de mi imaginación y quién realmente estaba haciendo todo eso era Lucciano, quien me había rechazado muchas veces antes. ¿Por qué ahora mi esposo

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