En el interior de la montaña, el mundo era otro, el primer túnel les regaló un resuello de tierra vieja y una bocanada de aire tan frío que cortaba como cuchillo, aun así, las ruedas hicieron vibrar la graba suelta, hasta que el ronroneo constante de las motocicletas se convirtió en un arrullo, casi hipnótico.
Artiom marcaba con la mano los desvíos, como si acariciara una criatura viva, aquí; cuidado con ese sector; bajen las cabezas; disminuyan la velocidad, cada orden era dada con una señal,