Los pinos oscuros y húmedos se cerraban sobre la caravana de vehículos, como si quisieran tragársela, aunque quizás la intención de la naturaleza solo era ocultarlos.
Los todoterrenos, salpicados de barro y con faros apagados, serpenteaban entre los troncos rugosos, era tres hileras que se estiraban como serpientes silenciosas en la penumbra del bosque, avanzando hacia una misma garganta de piedra, hacia aquella montaña que guardaba, en sus entrañas, el hotel abandonado, esa que se encontraba a