Yelena
—Izan, ¿podemos hablar?.
—Claro —me siguió y nos sentamos en el sofá.
—Estoy preparada para escuchar tus explicaciones —el rubio abrió mucho los ojos sorprendido y asintió con la cabeza.
—Vaya, he imaginado un millón de veces este momento y ahora no sé cómo empezar —se pasó la mano por el pelo visiblemente nervioso.
—Empieza por contarme porqué me compraste —habían pasado cinco años pero todavía dolía.
—Yo era miembro del Consejo.Llevaba un tiempo encargado de la investigación de la desa