Yelena
—¿Pretendes comprar mi perdón, Izan?— pregunté alzando una ceja.
—No, solo conquistar tu paladar —contestó ofreciéndome el regalo.Era una preciosa caja de bombones perfectamente envuelta y adornada con un lazo dorado, de la más prestigiosa chocolatería de la ciudad —.A nadie le amarga un dulce, ¿no? — se encogió de hombros y me miró con una pequeña sonrisa.
—Sí, supongo —dije seria a la vez que afirmaba con un movimiento de cabeza.
—¡Tío Izan,ven! —llamó Zack.
—Ve, ahora me reúno co