Di un paso vacilante, pero una mano cálida me tomó y me sacó de la habitación.
En el auto de regreso, Mario habló con dulzura: —Rafaela, no dejes que el chantaje moral de Fabiola te afecte. Nada de esto es tu culpa, sin importar el resultado.
Asentí, dándole una sonrisa tranquilizadora.
Fabiola consiguió libertad condicional por su embarazo, aunque sus parientes seguían detenidos.
Días después, la policía llamó diciendo que la prima de Fabiola quería vernos.
—Señor Flores, señorita Souza, quiero