Confiaba plenamente en Mario.
Hasta que ese día, mientras comíamos juntos, sonó su teléfono.
—¿Qué? —sus cejas se fruncieron y su rostro se ensombreció—. Llévenla a hacer exámenes. Quiero resultados precisos.
Después de colgar, permaneció en silencio por un largo rato.
Imaginando que tenía que ver con Fabiola, pregunté: —¿Mario?
—Fabiola... está embarazada —su voz era fría como el hielo.
Me quedé paralizada. Fabiola esperaba un hijo de Mario. La noticia nos tomó completamente por sorpresa.
Para