Capítulo 8
Confiaba plenamente en Mario.

Hasta que ese día, mientras comíamos juntos, sonó su teléfono.

—¿Qué? —sus cejas se fruncieron y su rostro se ensombreció—. Llévenla a hacer exámenes. Quiero resultados precisos.

Después de colgar, permaneció en silencio por un largo rato.

Imaginando que tenía que ver con Fabiola, pregunté: —¿Mario?

—Fabiola... está embarazada —su voz era fría como el hielo.

Me quedé paralizada. Fabiola esperaba un hijo de Mario. La noticia nos tomó completamente por sorpresa.

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