Las alas de Byakon, eran tan grandes que no tenían igual, eran al menos el doble de su altura lo que le deban un gran alcance, adicional a eso sus plumas salían disparadas como filosas cuchillas que atravesaban el espacio con un zumbido. Sus garras se habían alargado utilizandolas para cortar todo a su paso.
Byakon no quería soltar a Francine, afortunadamente para ella, Byakon no seguía aprisionando su cuello con fuerza, en cuanto Byakon dijo de apretarla Francine tomó tanto suerte como le fue