Conduje a casa en el auto de Chain, sin que Milano me desafiara. En el camino, con mil palabras atascadas en la garganta, no dije ninguna. Chain, por su parte, optó por permanecer en silencio durante todo el trayecto.
Quería gritar cuánto me estaba desestabilizando emocionalmente todo esto, tomándome terreno, acabando conmigo. Sin embargo, me limité a observar de vez en cuando sus manos firmes sobre el volante, sin dejar de pensar que jamás volvería a tenerlas tocándome. Y eso dolía como el inf