Thomas y Megan disfrutaban de la compañía del otro; él ansiaba entregarle las joyas que había comprado a la chica, pero su ser estaba demasiado agobiado o confundido, no estaba seguro.
La rubia se percató de aquello, le resultó extraño; Tom no solía permanecer tan callado, ni tampoco acostumbraba no compartir sus pensamientos. Megan comenzaba a creer que había dicho o hecho algo malo, aunque ese tipo de ideas no eran muy afines con ella, pero por alguna razón no podía evitar pensarlas.
— ¿Todo