¿Qué pasó después? Esa pregunta era un tormento para quién la escuchara o, bien, la ponunciara. Y justo era esa la pregunta que se había pronunciado, que inocentes y dulces labios habían pronunciado; aquella niña frente a ellos les preguntaba, ¿qué más había pasado? ¿Qué sucedió después?
La niña de ojos grises y cabellos castaños los observaba con una curiosidad inmensa, sus ojitos brillaban por la emoción y su expresión sonriente, deslumbraba cuan candela.
— Mamá, papá, ¿qué pasó después? —, r