Los días transcurrían, así como las noches de estudio y las tardes de lectura, pero sin importar que tan ocupados se encontraran, siempre encontraban la manera y el tiempo para pensarse. Miranda observaba la fachada de la universidad de enfrente con el fin de ver los ojos de él. Por otra parte, Michelle recordaba aquel sueño suyo que, ahora, veía tan lejano.
Después de algunos minutos, ambos recordaban que, después de buscarse desesperadamente habían decidido dejar de hacerlo; así que sacaban,