Había crecido, las hormonas ayudaron a mis huesos a dar el último «estirón». No sería más alto que papá, pero él y Rose reconocieron que me estaba acercando bastante a su altura.
No, no llegaría al 1.8 m, no obstante, ya era mucho más alto que Rose, y aquello era suficiente para mí. Estaba en los 1.77 m, una estatura nada despreciable, en especial si se tenía en cuenta el rápido desarrollo de mi cuerpo.
Estaba por alcanzar mis metas, no solo de mi desarrollo, de mi enfermedad que se empequeñecí