―Lo haré por ti, bebé, haré lo que sea por ti ―aseguró con la voz ronca, con el cuerpo tenso.
Se humectó los labios y aseguró que haría todo por mí.
No es que dudara de su franqueza, de su alma pura que creía estar haciendo lo correcto, ayudándome en mi recuperación, sin embargo, no solo fue incitada por su calor, por la necesidad de cuidarme, de reconfortarme con su cariño maternal, sino que también llameó en su interior el fuego de ser tocada por otro hombre, la lujuria que pedía ser desatada