―Eres tan bonito, mi bebé, no sabes lo que me haces sentir cuando estoy a tu lado ―comentó con aire maternal.
Se inclinó y me besó la frente con delicadeza, para luego alejarse y ayudarme a poner la cabeza sobre sus muslos de miel, mullidos, suaves y gruesos que abriría en algún momento de nuestras vidas.
Ese futuro que creí lejano semanas atrás se acercaba a pasos agigantados.
Con el corazón latiéndome en la garganta, los músculos en tensión gracias a la anticipación, la boca segregando saliva