Ese día, como otros, llegó su novio, el asqueroso Dan. Sí, le apodé el «asqueroso Dan» porque, pese a que tenía solo once, me miraba con deseo. No me gustaba quedarme a solas con él porque se acercaba de más y siempre buscaba tocarme las piernas, avanzar entre mis muslos, pasar sus dedos por mis hombros y descender por mi pecho. Claro, cuando Georgia nos encontró la primera vez, le creyó a Dan cuando le dijo que yo le estaba coqueteando, nunca fue así, pese a que la culpa por no alejarme me hiz