Capítulo 32. Una llegada inesperada.
Dieciocho días habían pasado desde que Aristo se había marchado para internarse en el centro de apoyo terapéutico y desde entonces no tenían noticias de él. Aunque Flavián le decía que si no llamaban era que todo iba bien, Sam no podía dejar de preocuparse. A pesar de que todos los días peleaban como perros y gatos y la mayoría del tiempo quería matarlo, ella lo extrañaba, tal vez no al hombre en el que se convirtió después de que pensó que ella lo había traicionado, si no al hombre que vislumb