Neriah
Siento mis manos arder, no como un calor de fiebre, sino como si el aire mismo se hubiera transformado en metal fundido y quisiera hundirse en mi piel, colonizar mis venas, estallar mis huesos, y cuanto más aprieto a Liam contra mí, más siento ese fuego trepar, enrollarse, morder mi carne desde dentro. Su aliento quebrado golpea contra mi cuello, cada inspiración entrecortada me atraviesa como una cuchilla desafilada, sus dedos se crispan en mi cintura, sus garras a medio replegar se afe