Posó su mano en la espalda baja de la mujer y sin presionar, la guio para ingresar al local. Ella se había puesto tensa y comprendió que el lugar la amedrentaba. Lamentó no haber elegido un sitio menos pomposo, no estaba pensando mucho cuando lo seleccionó. Ya estaban aquí, así que debería esforzarse para hacerla sentir cómoda y que olvidara su preocupación. Quería sus ojos solo en él, porque debía decir que los suyos no habían podido despegarse de ella desde que la recogió.
Los innegables atri