—¡Quiero a ese desgraciado hundido, Matt!
Jace acompañó su exabrupto con un golpe en su escritorio que hizo vibrar los objetos y atrajo miradas curiosas desde la habitación de su asistente. Matt asintió y se movió por la oficina con calma, su renguera apenas evidente. Se acercó a la ventana y miró afuera, pensativo, por unos instantes ajeno a Jace. Luego se dio vuelta.
—Lo atraparemos. Es cuestión de tiempo. Y no mucho, porque la escalada muestra su ansiedad y falta de límites.
Hacía una semana