El golpe en la puerta la hizo resoplar y volver en sí. Seguramente su jefe quería saber cómo estaba. Era un buen hombre y se preocupaba por ella. Trató de sonreír y abrió con la firme intención de decirle que no necesitaba nada, pero la sorpresa la hizo enmudecer. Jace Monahan estaba en su puerta. Masculino e imponente. El único capaz de provocar el deseo de volver a ser y sentir. El único capaz de despertar emociones en ella. Injustamente, pues no podía tenerlo ni era inteligente desearlo. Cál