No sabía qué me estaba pasando. No con ella, no con la maldita tensión que nos rodeaba cada vez que estábamos en el mismo espacio. La tormenta había pasado, pero algo más pesado seguía flotando en el aire. Algo que no podía identificar, pero que sí podía sentir. Y no era solo su presencia. Era ella.
De pie, en la puerta del salón, con la luz de la tarde resbalando sobre su piel de manera tortuosa. Vi cómo sus ojos se clavaron en los míos, ese brillo desafiante que siempre llevaba, como una prom