Killian
El estruendo del disparo hizo vibrar las maderas de la casa de piedra. La adrenalina me golpeó el pecho con un calor rabioso y violento. Me puse de pie en un solo movimiento, completamente desnudo, agarrando la pistola de la mesa de noche con los nudillos blancos por la fuerza. Miré a Sienna. Estaba pegada a la pared junto a la ventana, temblando bajo la luz tenue, con la seda blanca del camisón marcando el ritmo agitado de su respiración. Verla en peligro, vulnerable y expuesta, me en