CAPÍTULO 60. LLEGÓ LA HORA
—No, no me he casado, mi hijo vive con su padre — contestó con seriedad—, debido a mi profesión, no tengo el tiempo suficiente para estar con él.
Alexander desvió su mirada y no siguió cuestionándola.
—Cierra la puerta cuando te vayas —indicó y cerró los ojos.
—Deseo hablar contigo. —Deslizó las yemas de sus dedos, sobre el dorso de la mano de él—, necesito que me escuches —solicitó—, quiero decirte que lo lamento —manifestó con sinceridad.
— ¿Tan mal me encuentro que deseas estar en paz conmig