Octavia
La oscuridad me envolvía, pero en ella encontraba una sensación de calma que nunca había sentido antes. Este lugar prometía paz, amor y aceptación, un refugio del dolor y el caos del mundo físico.
El brillo suave a mi derecha reveló figuras que reconocí al instante.
—Mamá, papá, —sollocé, moviéndome hacia ellos con una mezcla de asombro y anhelo.
—¡Vi! —exclamó papá, abrazándome con fuerza. Su voz estaba llena de sorpresa y amor. —Mi amor, ¿qué haces aquí?
—Yo... No lo sé. Los extraño m