Lucien
Octavia estaba paralizada en el lugar cuando el Umbra se nos abalanzó. Su rostro reflejaba pánico, sus ojos se abrieron como platos, y su cuerpo se tensó como si fuera incapaz de moverse. Pude sentir su miedo en el aire, una tensión palpable que se mezclaba con el aroma a tierra húmeda y musgo del bosque circundante. Sus manos, frías y temblorosas, se aferraron instintivamente a su ropa mientras luchaba por encontrar el coraje para reaccionar.
Salté en el mismo momento en que lo hizo la