Isabela subió al último piso del edificio de la familia Thorne con una profunda sensación de déjà vu. La última vez que había estado allí, el acuerdo de divorcio en sus manos era solo una farsa; esta vez, sin embargo, el papel cargaba con el peso de la verdad definitiva.
Al entrar a la oficina, Maison ni siquiera la saludó formalmente. Estaba al teléfono, ordenando comida japonesa con la naturalidad de quien todavía dominaba el tiempo de ambos. Isabela se quedó de pie, observándolo colgar su ab