Tras el arresto de Marco Paulo, Ligia permaneció postrada en cama más de medio año. Los médicos no daban esperanzas y recomendaban prepararse para lo peor. Sin embargo, tras un día de sol, su salud mejoró de forma asombrosa: pudo sentarse, volver a caminar, y las llagas de su espalda sanaron. En la casa antigua decían que era un milagro, pero para ella, seguir viva era peor que morir. Se sentía sola, olvidada por todos; su hijo y su nieto vivían solo para Isabela.
Pero un día, al escuchar por c