En el patio, bajo un cobertizo improvisado, el aroma de la barbacoa llenaba el aire. Junto a las brasas, Killian enseñaba a Samia cómo asar la carne, mientras tres hombres sentados a la mesa guardaban un silencio algo tenso.
Samia se llevó la mano a la boca y le susurró a Killian:
—¿Tu padre está enfadado?
—Solo necesita tiempo para aceptar las cosas —respondió él con calma, sin dejar de dar vuelta a la carne.
Samia miró a su alrededor y sintió compasión por Maison, quien parecía ser el único q