Al leer el nombre de la empresa contratante, Tany abrió los ojos de par en par y se llevó la mano a los labios. Tras examinar el documento, rodeó los hombros de Samia con el brazo y la sacudió con entusiasmo:
—¡Samia! ¿Desde cuándo te relacionas con él?
Samia, aún aturdida, respondió:
—No fue mi intención… simplemente no me dejó decir que no.
Tany revisó cada cláusula y negó con la cabeza:
—No encuentro nada que te perjudique. Parece un trato justo.
Samia respiró aliviada. Sería un trabajo temp