Capítulo 389

Tras recorrer cinco habitaciones de huéspedes todas idénticas, Killian logró por fin convencer a Samia de que se quedaran en la suya.

—Tú duermes en la cama. Yo dormiré en el sofá.

El sofá medía dos metros: espacio más que suficiente para que un adulto descansara cómodamente.

Samia no dijo ni sí ni no. Simplemente frunció los labios y se quedó mirándolo fijamente.

Killian se sintió ligeramente incómodo bajo aquella mirada:

—¿Pasa algo?

—¡Claro que pasa algo! —Samia se estremeció al recordar lo
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