Maison no expresó su opinión; simplemente levantó su taza de té Earl Grey y tomó un sorbo en silencio. De repente, una voz conocida resonó por el ambiente:
— Chicos, disculpen la demora.
Era Johan. Isabela ahora entendía por qué Ester había pedido cinco juegos de té; la actriz ya planeaba ser una mera espectadora de esa reunión desde hacía mucho tiempo.
Johan se sentó al lado de Isabela. Sus ojos y cejas transmitían una gentileza natural, como la de un noble en una pintura clásica. La camisa se