La mayor parte del camino de regreso a la ciudad la pasamos en un enorme silencio incómodo. Hubiera deseado poder tener una charla con Walter a asolas, tenía tanto qué contarle, pero con el hombre ahí en frente me sentía terriblemente incómodo.
La verdad es que me sentía terriblemente nerviosos sobre cómo nos desharíamos de él, no podíamos matarlo, o al menos yo no quería, y la seguridad con la que él viajaba hacia lo desconocido sin saber si era o no una trampa me daba a entender lo profesiona