Tuve que compartir el café con Walter, la verdad, el susto que me había dado el tal Raúl me había cerrado el estómago, y apenas si había probado por completo un bocado.
Después de un rato de descansar en un silencio incómodo Raúl me tendió un par de monedas y salió conmigo del auto para acompañarme a hacer la llamada, pero yo necesitaba hablar solo, así que miré a Walter y de nuevo entendió qué necesitaba, fingió un fuerte dolor de estómago mientras yo me escabullí hacia el teléfono público que