—¡Querida, esto es asombroso! —decía Elena.
Bea les mostraba, a ella y a su madre, imágenes del antes y el después de Obanda, llena de orgullo.
—Al principio creí que sería difícil, pero si algo me sobra eso es voluntad. Si he podido con Magnus, cómo no podría con Obanda.
—Deberías ir pensando en ser presidenta de la república, ya tienes mi voto, Bea. Siempre he querido ver cómo es el baño del presidente —dijo Elena.
—Tendrás que encargarte de que el vago de tu padre no perjudique tu imagen o