A la luz de un nuevo día Magnus corrió las cortinas. Afuera estaba tan claro que dudó seguir en Obanda.
Cogió las muletas y fue a la cocina a desayunar lo que Bea le hubiera dejado. Últimamente pasaba poco tiempo en casa, los asuntos de la ciudad y sus proyectos la tenían ocupada. Él sabía muy bien que la mujer tenía problemas estándose quieta y así le gustaba.
Tras ponerse sus ropas protectoras, salió rumbo a la empresa. Hoy era el día de inspección. Habían tenido dos meses sus empleados par