Bea guardó el vestido de novia en la caja y la tapó. El nudo que tenía en la garganta era tan grande que, por instantes, no pudo respirar.
—No habrá que preocuparse de organizar nada, el infeliz del abuelo se encargó de todo —dijo Magnus.
—¿Será hoy? ¿Y las pruebas?
—Supongo que las superamos todas.
—¿Y tus tías? ¿Y mi mamá? ¿Ellas saben?
Magnus le mostró el mensaje que el abogado le había enviado al momento de la llegada de los paquetes. A la familia se le había encargado otra tarea.
En la ca