—¡¿Por qué no nos dijeron desde un inicio que tendríamos que quedarnos aquí?! —reclamaba Magnus.
Nada más entraron a la habitación donde pasarían la noche se quedó parado junto a la puerta, sin avanzar, sin moverse salvo para quejarse.
—Habría traído mis sábanas, mi pijama, mi esponja para el baño, mi shampoo, mi jabón, mi toalla. ¡El cepillo de dientes! —Se aflojó la corbata.
—A mí me preocupa que haya una sola cama —dijo Bea.
Magnus la miró con horror.
—Quédatela, yo no voy a moverme de aquí.